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PASTILLAS PARA NO SOñAR

Si lo que quieres es vivir cien años

Vacúnate contra el azar”

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Si existieran en la farmacia pastillas para no soñar, creo que no las compraría, soy una persona que sueña mucho. Dormida tengo unos sueños de repente muy reales y largos, a veces hasta con continuación, así como saga de esas del cine.

Pero también sueño mucho despierta, muchos de mis sueños se han hecho realidad y muchos otros se han quedado ahí, en sueños, que además siendo realistas no creo que se cumplan. Por ejemplo, cantar igualito a Eugenia León la canción de “Como yo te amé”, o bailar perfecto la canción de “Quiero vivir en América” de The west side story. Pero me gusta seguir soñando ¿y por qué no?, capaz que un día los sorprendo realizando mi sueño de hablar perfecto francés.

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Mis sueños han ido cambiando y por supuesto no son los mismos de cuando era niña o una dulce quinceañera. La vida ha dado grandes lecciones que me han hecho pensar en sueños que den felicidad duradera y no temporal. Algunas personas que han pasado por mi vida también me han ayudado a cambiar mi forma de soñar, hace unos meses estábamos festejando el cumpleaños de Galia, la hija de mi amigo Micky, estábamos como muchas otras veces en el jardín de la casa de su abuelo.

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Cuando la fiesta estaba en pleno apogeo veo salir de su casa a el abuelito de Micky, el TATA con sus 99 años recibiendo una vez más a la familia y amigos en su jardín, caminó despacito saludando amable y amoroso como siempre, después de comer lo vi que caminó hacia la brincolina en donde jugaban los niños, se paró a observarlos y ahí se quedo un buen rato, sonreía con esa sonrisa tranquila y sincera, y sus ojos brillaban alegres, me quede viéndolo todo ese tiempo y pensaba, que bonito ser como él, que bonita vida, cuanta paz tiene, la paz que sólo una vida llena de amor te puede dar.

La casa del Tata nos recibió muchas veces. Llegábamos como sí fuera nuestra casa llenándola de ruido y chamacos latosos, batería y guitarras, y él siempre tenía un abrazo de bienvenida para nosotros. Yo lo conocí a través de mi amigo Micky el cual le heredó su amor por la música, la tranquilidad y el saber entregar amor y amistad sincera, y el Micky nos ha regalado a nosotros la oportunidad de conocer a su abuelo, de sentir a su familia como nuestra.

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El Sábado pasado el Tata se fué, nos dejó un vacío a todos. A mí me dejó un nuevo sueño, quiero tener una vida como la de él, larga y llena de amor, quiero ver crecer a mis hijas, conocer a mis nietos y bisnietos, tener una mirada serena y un caminar tranquilo, quiero dar abrazos que reconfortan y hacer de mi hogar el hogar de muchos. Quiero tener la palabra exacta para cada momento. Música en mi corazón y que la riqueza sean mis historias que compartiré con los que vayan llegando. Tener salud para vivir muchos años, y un día como el Tata tomarme el tiempo de observar tranquilamente jugar a los niños. Así lo voy a recordar cada vez que escuche al Micky cantar, o a Galia jugar con Marimar, en la sonrisa del Mike,  en el abrazo chino de Marcia, en una canción de Cold Play del Güero, cuando reconozca la guitarra del Bibi en el radio o sonriendo en una foto con Sara y Andrea,  leyendo el día a día de Diana o en una de mis pláticas con la Georgie. Ahí siempre estará el Tata y mi sueño de vivir 100 años así como los  vivió él.