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PERDIDO EN MI HABITACION

“Perdido en mí habitación

sin saber que hacer

se me pasa el tiempo

Perdido en mí habitación

entre un monton

de discos revueltos”

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En mí cuarto hay un librero azul, de esos que son esquineros, y es el único objeto al que le tengo un verdadero aprecio. Ha estado en mí cuarto desde el día que nací, durante años sirvió para acomodar algunos muñecos y más adelante algunas fotos o figuritas de porcelana de aquellas que estuvieron tan de moda en los 80’s; hasta un día convertirse en un útil y agradable librero.

Pero su historia no comienza conmigo; resulta que este mueble algún día fué el trastero de mi abuela, y al igual que yo, un día terminó encariñada con él y fué el único mueble con el que cargó por las 3 ciudades en las que vivieron mis abuelos antes de llegar a Mexicali.

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Mi abuela me contó que no siempre fue color azul, antes tenía su original color madera, pero cuando decidieron que estaría en mi cuarto como juguetero lo pintaron color azul, -a lo cual durante mucho tiempo me pregunté, ¿por qué azul? ¿Apoco siempre quisieron que yo fuera niño?, pero esa es otra historia-.

Un buen día mí mamá decidió que era el momento de hacerle un cambio total a mí recámara, yo había pasado por un año muy difícil y mí mamá pensó que al cambiar todo mí cuarto yo ya no tendría malos recuerdos y que la sorpresa al regresar a Mexicali y encontrar mi recámara como nueva me haría muy feliz.

Cambió todos los muebles, incluyendo el librero azul, la alfombra ya no era aquella tan de los años 70’s y la cortina había sido reemplazada por una moderna persiana. Efectivamente mí nuevo cuarto era muy bonito pero extrañe una cosa, y rápidamente pregunté ¿y mi librero?; mi mamá me respondió, lo regalé junto con todo lo demás.

Me senté en mi linda recámara y observé que definitivamente le faltaba mi toque personal, sentía que había llegado a el cuarto de otra persona, ó a la habitación de un hotel. Así que por la tarde salí a buscar el librero a la casa de la vecina a quien se lo habían regalado, con la pena, pero era muy mío, lo coloque en su lugar y pegué algunos posters en la puerta del closet. Nunca me volví a sentir a gusto del todo en ese cuarto, que sí la cama estaba muy alta, que sí a los cajones no les cabía nada. Siempre tenía una queja, me sentía perdida, hasta que un día decidí mudarme al cuarto que había sido de mis abuelos y hacerlo a mí estilo, pinté las paredes de colores, puse un cuadro del CHÉ en lugar de cabecera y algunos de The Beatles y Jim Morrison en las paredes, y lo único que me llevé fué el librero azul, que por supuesto más tarde se iría a mi primer casa cuando me casé, y ahora está de regreso en su cuarto original justo a unos pasos de mi cama.

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Yo creo que yo en aquella época no estaba perdida por culpa de una recámara nueva, yo estaba pérdida dentro de mí y buscaba lugares conocidos para sentirme bien. Buscaba tal vez mí identidad, pero sin separarme de lo que significara algo especial para mí.

Nuestro espacio, el que habitamos, es nuestra vida y lo tenemos que decorar a nuestra manera. Que los colores sean los buenos momentos y los muebles sean la compañía de tu familia y amigos, la decoración ya la irás haciendo tú mismo con tus logros, con tus momentos, ya sean buenos o malos, tal vez lo cambies de estilo de vez en cuando pero siempre siendo tu mismo, si te hace feliz la sencillez de tu espacio o la comodidad y calidez de quienes te acompañan a vivir en él.

Yo ahora comparto mí espacio y me gusta mucho, porque ya no estoy perdida y sí me llego a perder, siempre tendré un librero azul al cual acudir, ¿a poco no?.

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UN AÑO MAS

Y en el reloj de antaño

como de año en año

cinco minutos más para la cuenta atrás.

hacemos el balance de lo bueno y malo

cinco minutos antes de la cuenta atrás”

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Creo que mí festejo favorito es el año nuevo, siempre me ha parecido increíble como podemos sentir la necesidad de hacer recuentos con tan solo mover una hoja en el calendario y como también poder sentir la necesidad de hacer cambios con tan solo el movimiento del reloj.

Pero no siempre me ha gustado tanto ésta fecha, en realidad cuando era niña no tenía tanto chiste, bueno por lo menos para mí, que fuí una niña de esas que se duermen temprano, por lo tanto yo nunca estuve presente en los festejos de año nuevo de mis abuelos, que según escuchaba, eran muy divertidos. A mí al dia siguiente solo me quedaba la posibilidad de un día con ropa que estrenar y un montón de visitas que sólo veía cada día primero del año dándose el abrazo de año nuevo.

Pero ya de más grandesita las cosas tomaron su chiste, la posibilidad de ir a festejar con los amigos, y de ahí vinieron noches viejas en algún lugar como La Gran Compañía, el Forum o el Vivah!, entre luces y abrazos a los amigos, bailando hasta que amanecía y con el conteo para recibir el año con gorritos brillosos. Ó como en vísperas de año nuevo en mi casa, cuando organizaba aquella fiesta de año nuevo, en donde me encantaba recibir a mis amigos y los amigos de mis amigos en mí sala, transformada en pista de baile llena de globos dorados y un montón de propósitos, que sólo cuando se tienen 20 años se pueden tener.

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Los años pasan y no importa como reciba el año, me gusta sentir que es momento para dar gracias por los 12 meses que han pasado, por lo bueno, pero también por lo malo, no importa si estoy en mi casa, ó en casa de algún amigo, en Disney ó sola con mi esposo esperando el desastre que se suponía sería la llegada del año 2000.

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Me gusta festejar y abrazar a la gente que quiero justo a las 12 de la noche; reír y también llorar, comer las uvas que alcance sin correr el riesgo de ahogarme,  usar chones rojos y hacer todas cosas posibles para atraer la buena suerte. Imaginar que en el mundo entero por unas horas, todos estaremos pensando que el año que está llegando será el mejor de nuestras vidas, y sí no lo logramos, no importa, por que después tendremos otros 365 posibilidades más para lograrlo. Ó si nuestro año fue muy malo, despedirlo y aventarlo lejos, y que sus recuerdos sólo se conviertan en lecciones.

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Hace ya algunos años que sólo tengo un propósito de año nuevo, y ese propósito es ser feliz, las metas irán llegando al paso de los días, pero los buenos momentos serán los que se queden para el recuento del siguiente año, un momento con mis hijas, aquel día que pasamos en el mar, el concierto en donde bailé y canté tanto, una cena con mis amigas, el día que lloré por mi mamá, el encuentro con los viejos amigos, aquel curso en donde me fué tan bien, el atardecer de octubre y la lluvia de verano, lo mucho que crecieron mis hijas y las veces que caminé de la mano de Juan; mí salud, mis corajes, mis pérdidas, los sueños que se cumplieron y los que no, lo mucho que batallamos, pero también, lo mucho que nos ayudaron. Sólo cambia el calendario pero también podemos cambiar nosotros, detenernos y vernos, celebrar el estar vivos y que aún nos quedan un montón de pendientes en la vida por los cuales levantarnos y respirar.

Así que llegó el momento de decir 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 FELIZ AÑO NUEVO!

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