NO ME DEJES CAER

A tu sombra implacable

a mi desolación

aunque se haga polvo el mundo

en el último segundo

tú secreto es mi canción”

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Cuando era niña me caía a cada rato, yo no sé si era que soy medio patuleca o si era que a pesar de ser muy torpe era muy a ventada. No me importaba que no fuera muy buena manejando mi bicicleta, yo hasta intentaba brincar obstáculos y toda la cosa; tampoco me preocupaba sí patinando no era una experta, en paticentro o patinerama me aventaba hasta la ronda en reversa. Mis rodillas pagaban las  consecuencias de mí falta de pericia y siempre tenía alguna nueva herida de guerra que curar, era ya tan preocupante para algunas personas que mi vecina decidió fabricarme unas rodilleras, con toda la buena fé del mundo por supuesto, y con el afán de ya no ver mis rodillas maltrechas. Llegó muy feliz y le entregó a mi abuela las rodilleras que hoy en día les llamaríamos “artesanales” y le dijo, -son para que las use Laurita y ya no se golpee tanto sus rodillas -, creo que yo hice cara de ¡¿WHAT?! y mi abuela no se quedó atrás, pero al día siguiente me dijo, -ponte las rodilleras no vayas a hacer sentir mal a la vecina- , me las puse y me sentí no sólo ridícula, sino limitada, me sentía como Forest Gump cuando le pusieron sus aparatos ortopédicos y así igual que Forest salí corriendo a jugar, y en el camino me arranque las estorbozas rodilleras y claro, al rato ya andaba con las rodillas todas raspadas, pero muy contenta de jugar con mis vecinos y con alguna lección aprendida, como no brincar de un árbol tan alto o no darle tan recio a la bici antes de bajar una montaña de tierra, después de todo la cosa era como decía mi abuela, “dejenla que se caiga para que aprenda”.

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Con el tiempo he tenido otro tipo de caídas, pero que igual que las caídas de cuando era niña, van dejando heridas. Algunas solo unas raspaduras pequeñas que se quita con un poquito de salivita y un sana, sana, colita de rana y otras mucho más graves y profundas que dejan cicatrices que no las borra ni el “cicatriquiur”.

Tal vez pude haber evitado esas caídas usando mis rodilleras, pero poniéndolas ésta vez en el corazón, que es en donde se sienten los golpes de la vida.

Tal vez si hubiera usado mis rodilleras me hubiera cuidado de aquel mal amor, o de esa amiga que no fué sincera. Me hubiera salvado de él golpe tan fuerte que fué perder a mis abuelos o de la vez que me dí por vencida y dije que ya no quería estudiar derecho. No sentiría a diario los tropezones y las raspaduras que nos da la vida cuando nuestros hijos se enferman o cuando tienes tantos problemas que quisieras mejor quedarte ahí tirado y dejar de intentar por miedo a volverte a caer. Pero que chiste tendría la vida sin riesgos, sin aventarte a hacer cosas, sin conocer el dolor para disfrutar cuando no lo hay, ir por la vida con rodilleras para no lastimarse.

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Hoy prefiero aprender de mis errores, igual que hice cuando era niña, pero teniendo el bálsamo a un lado, ya sea la mano de alguien que te ama o de un amigo, las notas musicales de tu canción favorita, los abrazos de mis hijas, y así, sí me vuelvo a tropezar, tener la seguridad que alguien me va a cachar o me ayudará a levantarme de nuevo, y así decirles que no me dejen caer por favor. Y que yo también estoy ahí para ayudarlos en sus tropiezos, por que además soy una experta en curar heridas y ser el lugar en donde pueden caer en blandito, así como en el ejercicio ése, en donde te dejas caer para atrás con la seguridad que alguien está ahí, esperando, o como el entrenador de las gimnastas siempre atento cerca de ellas por si ellas se caen. Así espero estar yo para los que me necesiten, y sí nos caemos juntos, pues nos ayudamos a levantarnos unos a otros, ¿qué no?

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LUCHA DE GIGANTES

Creo en los fantasmas terribles

De algún extraño lugar

Y en mis tonterías

Para hacer tu risa estallar”

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En las vacaciones de verano de 1982, me enfermé, tenía una de esas latosas gripas de verano que se complicó con bronquitis. Por culpa de aquella molesta enfermedad una noche tuve fiebre, de esas tan fuertes que te despiertas toda la noche con pesadillas; la pesadilla más fea de esa noche fue que me perseguía un objeto super grande, que parecía como de plastilina, y yo corría para no ser alcanzada, al puro estilo de indiana Jones. Lo más curioso es que todo el tiempo eschuchaba de fondo la voz de mi maestra de 4to. año de primaria, a la cual le tenía yo una mezcla de admiración y pánico. Mi mamá estaba tan preocupada que pensaba que yo ya estaba enferma de algo más grave, y no se puso a pensar que yo lo que tenía era que por fin me estaba librando de ése terrible fantasma que era mi profe Margarita.

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Tuve otro fantasma que se presentó en la forma de la enfermedad de mi abuela. Estaba yo en la secundaria y mi reacción no fue la más positiva durante todo el tiempo que ella estuvo luchando contra el cáncer de mama, yo iba y venía por la vida como si nada estuviera pasando, solo en las nochea iba y me acurrucaba con ella y dejaba salir las lágrimas, me aferraba a ella, pero al mismo tiempo empezaba a dejarla ir, sentía que la lucha estaba perdida, pero lo que no sabía era que mi abuela era mucho más grande que aquel terrible gigante y que al paso de un año vencería al cáncer dándome la lección más grande de mi vida.

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En la vida nos atravesamos muchas veces con pruebas y obstáculos que podemos ver -como yo veía aquella pesadilla, o como yo evadía la enfermedad de mi abuela-, que se presentan como gigantes que tenemos que vencer para seguir viviendo.

Yo creo que la vida conmigo ha sido demasiado buena, y esos gigantes han sido fáciles de vencer.

He tenido algunos que se disfrazan de una depresión tan grande, que cada día los ves más grandes e invensibles; ó en la figura de personas que no corresponden al cariño que tú les das, ó en perdidas de  otras que quisieras fueran eternas, aunque lo eterno no fuera la solución.

Yo he tratado de ver a esos fantasmas como los molinos de viento del Quijote, y he vencido algunas batallas a base de un escudo, que es el gusto que tengo por ver feliz a la gente con la que convivo. Tengo alma de comediante y me gusta que se rían cuando están conmigo, y reírme de mí misma y de mis miedos.

Tengo muchos gigantes por vencer, y sí pienso que podrían llegar en formas terribles, pero para eso hay que estar preparado, rodeandote de amor, risas y esperando no volver a sentir miedo a la enormidad, ésa, en donde nadie oye mí voz.

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ABRE TU CORAZON

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Dejarás de sentir miedo

abrirás tus sentidos

dejarás de sentir miedo

ésta vez amarás”

Cuando tenía 8 años mi abuelo sufrió un infarto, recuerdo perfecto, que era la hora de levantarme para ir a la escuela, y al entrar al baño mi abuelo estaba tirado en el piso, yo tarde unos segunditos en que me saliera aquel grito que recuerdo salió desde lo más profundo de mi corazón. Después de eso no tengo muy claro lo que pasó, lo que si recuerdo es que mi abuelo regresó a la casa una semana después, con 500 indicaciones de como tenía él que cuidar de ahora en adelante su corazón y nosotros tendríamos que cooperar con eso. Recuerdo que yo quería desde ése momento encontrar la manera de apapachar su corazón, quería que ya nada le doliera, que no volviera a correr peligro y curar su corazón con pomada y besos como él curaba mis raspones cuando me caía de la bici.

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Después de éso fui por la vida con más cuidado, por que pensaba que mi chamba era cuidar los corazones de las personas a las que quería, para que nunca más volvieran a lastimarse; por mi corazón no me preocupaba tanto, estaba bien cuidado hasta ése momento.

Por ahí de los 15 años me dí cuenta que mi corazón además de ser alegre, amiguero y bailador también podía acelerarse y sentir aquella rara sensación del enamoramiento y empezar a meterse en problemas. La primera vez le fué bastante bien, se abrió a aquellas hermosa sensación del primer amor y la pasó bastate bien, pero no tardó mucho tiempo en que llegara alguien y lo dejara más golpeado que Rocky Balboa, y desde entonces mi corazón se puso un poco chiscado y rejiego, casi casi se creía el corazón de Lucia Méndez, o sea un corazón de piedra. Se disfrazó de el corazón vengador y llegó a lastimar a otros corazones con el simple afán de curar sus propias heridas.

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Tuvieron que pasar algunos años para darme cuenta que no se puede andar por la vida diciendo que tu corazón no siente nada, eso es mentira, en todo ése tiempo mi corazón trabajó mucho, tuvo pérdidas, pero también se llenó de momentos que compartía con otros corazones amigos, mi corazón en realidad jamás dejo de ser alegre y fiestero, solamente andaba un poco distraído.

Hoy mi corazón tiene mucha compañía y además tiene a su cargo a unos corazones más nuevecitos y he aprendido a vivir con él así como es. He aprendido a conocerlo y a hacerle caso, por que creo que con el tiempo se ha hecho un poco sabio. He aprendido que debo cuidarlo y preocuparme así como me preocupo por el corazón de otros, que es importante que esté contento para así poner contentos a los corazones que me rodean. Que si bien mi corazón está un poco loco y vive muy acelerado, debe estar alerta, y cuidarse de otros corazones que la vida los ha tratado mal y andan medio amargados, y también que debe estar preparado para cada vez que siente que se apachurra, seguir abriéndose a las sensaciones bonitas que dan las risas, la música, un paisaje, un dia con buen clima, el mar, los abrazos, los viejos amigos, el color amarillo, la luna cuando se pone gigante y tantas cosas que cuando tenemos el corazón abierto podemos disfrutar, por que si no, para que andamos por el mundo así no más palpitando sin ton ni son, ¿a poco no?.

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CUANDO PASE EL TEMBLOR

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“Hay una grieta en mi corazón

Un planeta, con desilusión”

Mexicali es zona sísmica y el hablar de temblores es parte de nosotros. Estamos totalmente familiarizados con palabras  como epicentro u oscilatorio, y somos expertos en calcular los grados Richter.

El primer temblor del que tengo memoria es el de 1979 de 6.9 grados. Yo estaba en mi clase de danza en Bellas Artes, y no lograba distinguir que era lo que estaba pasando, solo recuerdo a mi mamá entrar como loca al salón para sacarme de ahí, no recuerdo si había mucho caos en las calles pero si recuerdo que en mi casa lo había; mi abuela estaba muy nerviosa y mi abuelo coleccionaba baterías para la lámpara de mano, mi mamá por su parte se dedicó a reunir comida enlatada. Dormimos esa noche en la caja de el pick up de los vecinos, para mi, la verdad fue una mezcla de diversión y miedo muy rara.

En 1987 cuando estaba en la prepa, hubo otro temblor fuertecito, de 6.6 grados, fue muy temprano y no fui a la prepa, en la tarde me llamó un amigo y me dijo -¿por que no fuiste a la escuela?-, y le respondí, -mi mamá está tan asustada que nos tiene arriba del carro por si se desprende la península- y de nuevo hizo su maleta llena de comida enlatada.

Después de aquel temblor se han sentido un montón más en nuestra ciudad. Hasta el dia 4 de abril del 2010 que sentimos los que nos encontrábamos aquí, aquel domingo de pascua,  7.2 grados de movimiento trepidatotio y lo que en verdad es la fuerza de la naturaleza. Yo todavía soy incapaz de describir aquella sensación de terror, nunca había tenido tanto miedo, ése miedo me duró casi un año y los que me conocen sabrán que literalmente dure en pánico mucho tiempo, dormí en la sala de mi casa por mucho meses y es hora que todavia uso bolsa de las que se cruzan, como cartero, para tener libres las manos y tener a una hija en cada mano en caso de que tiemble.

En ése tiempo además del miedo reinaba en mi la incertidumbre y diario me preguntaba ¿que nunca va a dejar de temblar? Es la única vez que he deseado irme a vivir lejos de Mexicali, ahora simplemente me he resignado a vivir con otra de las tantas peculiaridades de mi ciudad.

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Pero hoy hay otros temblores que me preocupan y me ocupan, desde hace unos años en nuestro país ha habido un enjambre de movimientos con epicentro en Juárez, Tijuana, Michoacán, Tamaulipas, Hermosillo y un montón más. El último en Guerrero en un lugar llamado Ayotzinapa. El temblor no ha sido benevolente al contrario ha dejado destrucción, ha dejado ver que nuestras estructuras son débiles y que podemos salir heridos o morir entre los escombros.Me gustaría poder decir como decía SODA STEREO “despiertame cuando pase el temblor” cuando todo esté en calma, cuando los noticieros y las redes sociales no nos muestren esa realidad tan fea que nos gustaría sólo fueran escenas de una película, o la noticia de un lugar lejano de medio oriente y no se tratara de nuestro país. Pero no es el momento de estar dormidos, si no mas despiertos que nunca; alertas, proponiendo y luchando desde nuestra trinchera ya sea nuestra familia, la escuela o el trabajo. Es momento de solidarizarnos con el que más sufre y ayudarlo a construir de nuevo su hogar de entre los escombros.

Y sí como dice la canción “a veces siento temor, a veces vergüenza” . Tengo miedo del futuro, aunque también la esperanza de que puede existir un cambio. Y si también siento vergüenza del México que hemos construido para nuestros hijos y vergüenza de las personas que viven en su mundito pensando que todo está bien mientras ellos estén bien.

México es hermoso, si de algo puedo presumir es de conocerlo de península a península. En carro, en camión, de aventon y hasta en una panga pero siempre sorprendiéndome de su belleza pero sobre todo de su gente, de lo hermoso que es escuchar hablar en Nahuatl o lo admirable que es ver al campesino todavía sembrando su tierra ayudado solamente por sus hijos.

Quiero que mis hijas puedan también conocer su país tranquilas y sin miedo.

Quiero que deje de temblar en mi país.

Quiero escenas como la del 20 de noviembre con un pais unido que quiere simplemente estar bien, quiero líderes honestos, quiero que a los que escriben en facebook que les duele México. Les duela de verdad, tan de verdad como para hacer un cambio desde adentro, desde nosotros mismos y nuestras familias; quiero que la honestidad y el agradecimiento se pongan de moda, y no se ponga de moda exaltar al delincuente.

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Quiero que si tiembla sepamos como reaccionar, y no como yo, que hasta hoy me habia sentido incapaz de opinar o de entender ésta parte de la historia que nos toca vivir, por que no encontraba las palabras, por que tengo mucho miedo, por que pienso en soluciones y otras veces tengo coraje y no me deja pensar, por que quiero que dejen de repetirse las historias, que deje de morir gente en medio de un temblor que nadie comprende.

Entonces me mantendré despierta y alerta, no saldré corriendo ni voy a empujar a nadie,  me mantendré informada y dispuesta a cooperar, esperando el momento en que pase el temblor,con la esperanza de que nos deje ahora si un país con piezas tan solidas que ninguna sacudida por fuerte que sea lo destruya. #yamecanse

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TREN AL SUR

Y no me digas pobre

por ir viajando así

no ves que estoy contento

no ves que estoy feliz”

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En 1990 yo me encontraba en Guadalajara en  una especie de lección – castigo que mi madre me había impuesto en su deber de buena madre judía. Mis días pasaban en aquella ciudad sin mucha emoción, extrañaba Mexicali, a mí familia y a mis amigos y ya no podía más con tanta lluvia, mis tardes se tornaban depresivas y no me quedaba otro remedio que acoplarme al ir y venir que me imponía la familia que amablemente me daba hospedaje.

Cuando llegaron las vacaciones para ellos, me invitaron a acompañarlos en su plan de ir al DF en tren -¿en tren?, ¿por que en tren?, los únicos trenes que yo conocía eran el de Disney y el del bosque de la ciudad-, y la verdad no me entusiasmaba la idea, yo quería estar en el Mexicali en la playa en Rosarito y no en un viejo y lento tren hacia la capital. Se me venían a la mente esas fotos a blanco y negro de la revolución mexicana, con los hombres y mujeres hechos bola y viajando hasta en el techo de un tren con rumbo a quien sabe donde. Yo no era la única con poco entusiasmo, eramos 5 jóvenes de entre 14 y 18 años los que viajariamos con cara de fuchi acompañados de dos entusiastas adultos.

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Llegó el dia de viajar y me encontré frente a un tren super bonito en verdad, parecía de esos trenes que había visto en las películas con camarotes, un comedor y hasta algunas salitas para leer o practicar juegos de mesa. Inmediatamente nuestra chocante actitud adolescentes se transformó en una especie de regreso a la infancia y hasta aplaudimos cuando vimos nuestros camarotes con literas, silloncitos y una gran ventana que prometían una noche de plática y chistes muy divertida, y así fué, jugamos cartas, contamos chistes, hicimos bromas, nos asombró el paisaje y hasta hicimos un concurso de canto. Al llegar al DF, los adultos se bajaron con caras de cansancio y quejándose de dolor en la espalda y una de ellas dijo -¡definitivamente nos regresamos en avión!-, nos volteamos a ver y al unísono dijimos “¡ay que chiste!”. En verdad habíamos disfrutado aquel viaje en tren.

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Después de pasar una semana en el DF, regresamos efectivamente en avión, en menos de una hora estábamos en Guadalajara en donde para variar estaba lloviendo y  no habíamos ni platicado entre nosotros.

Al tiempo regresé a Mexicali, con muchas lecciones aprendidas y recuerdos, las cosas habían cambiado, mis amigos ya estaban en la universidad y yo todavía tenía algunos pendientes que resolver, no había lluvia, no hacia tanto calor, mi cuarto ya no era el mismo y tampoco había ningún tren.

Siempre que recuerdo aquellos tiempos, sonrío cuando pienso en aquél viaje que hicimos sin pausas pero sin prisa, disfrutando cada minuto.

Tal vez de eso se trata la vida, de llegar al mismo lugar que los demás pero disfrutando, cantando, sintiendo; guardando lo aprendido, olvidando los malos ratos, …respirando adentro y hondo, alegrías del corazón… como dirían LOS PRISIONEROS.

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VIVIR AL ESTE DEL EDEN

“¿Quien te ha visto amigo y quien te ve? ¿como te va la vida? a mi ha ido bien…”

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¿Cual es el recuerdo más antiguo que tienen?, ¿El dia que los dejaron por primera vez en la escuela?, ¿una navidad con el regalo que esperaban, o una fiesta de cumpleaños con mucha gente?. Yo no se cual es mi recuerdo mas viejito, lo que si sé es que soy de esas personas que recuerdan mucho y muy bien; muy seguido me dicen mis amigos, ¿como te puedes acordar de esas cosas?, y no sé, no se por que me acuerdo de tanto, lo que si sé es que con el paso del tiempo uno se da cuenta que las cosas y los hechos como los recordamos son un tanto distorsionados a la realidad. Por ejemplo; yo recuerdo mi primaria enorme, con unos pasillos muy largos y bonitos, con un gran salón de actos en donde cabíamos cientos de niños vestidos de rojo y blanco. El día que siendo mayor regresé, mi escuela no era tan grande, igual que disney no es tan gigante y perfecta y el muchacho que me gustaba en la prepa la verdad no era tan guapo, pero apoco ¿no es mejor recordar las cosas con la sensación más bonita que te han dejado?. Ver a tus amigos siempre jóvenes, porque si sigues viéndolos a los ojos, ellos son los mismos , ver a nuestros hijos siempre niños y sentir el abrazo de tus padres igual que cuando tenías 5 años.

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Yo he decidido seguir con mi colección de recuerdos, recordar lo bueno de las personas y no lo malo, recordar los buenos libros que he leído y las películas que me emocionaron tanto. Recordar aquella fiesta en la que bailé  toda la noche, la sensación del primer beso, las carcajadas de los amigos, el instante en el que conocí a mis hijas, la mirada de mis abuelos.

He decidido recordar al Piru callado y siendo solidario, pasándome el exámen de probabilidad y estadísticas, y no luchando con una terrible enfermedad.

He decidido recordar al Francis a carcajada abierta haciendome carrilla y no luchando con sus demonios, decidiendo su propio final.

Y he decidido recordar al Sando siempre sonriendo junto al Checho y el rana y saludando con un “¿qué pasó… Laurita?”, y no dejándonos tan de repente.

He decidido no perder de vista lo que importa, reunir más seguido a la familia y a los amigos para seguir creando recuerdos juntos, por que como dice el grupo LA UNIÓN “Ahora el tiempo pasa y no perdona, pasan meses y años para no volver”. He decidido regresar y acostumbrarme a vivir al este del edén.

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ESCUELA DE CALOR

       ” Arde La Calle Al Sol De Poniente,
    Hay Tribus Ocultas Cerca Del Río

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No estábamos tan cerca de un rio, pero se podría decir que mis compañeros de la prepa y yo éramos un conjunto de tribus con costumbres, formas de vestir, de hablar y de divertirnos.

Era 1989 y como cada año la costumbre era elegir a la reina de la escuela, hacia mucho calor, cosa que no es nada extraño en nuestra ciudad, y en las bocinas se escuchaba a RADIO FUTURA diciendo “ven a la escuela de calor”, y en verdad eso éramos!, una escuela llena de calor. No sólo el clima, si no el calor que corria por dentro de nosotros, el calor de nuestros 17 años, el calor de nuestra mente que soñaba con volar muy lejos, queríamos gritar y bailar, algunos; otros vivían la fuerza del primer amor, ibamos y veníamos abrazados de nuestros amigos, de nuestros compañeros con los que nos identificabamos más que con nuestros padres o maestros, nos platicábamos todo, compartíamos nuestros discos y cassettes, nos emocionaba el ir juntos al baile de coronación con nuestras mejores galas o a un concierto en nuestras peores fachas, caminábamos de regreso a casa, y podíamos pasar horas platicando por teléfono, respirabamos a fondo y dábamos mil vueltas por la misma calle solo para saludar. Lo prohibido y el peligro era de repente tan cercano pero se mezclaba con lo inocente y cotidiano.

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¿Qué pasa hoy? En donde están los sonidos que identifican a ésta generación. Veo la distancia de una pantalla y el miedo y desconfianza de lo bonito, de los sentimientos gratuitos.

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Las tribus tal vez no han cambiado ahí están todavía, algunos identificados por efímera popularidad o la mal vista inteligencia, los que siempre arman pleito y disfrazan de rebeldía sus grandes ausencias,  las niñas guapas y las que creen que no lo son. Pero con una distancia que debería ser corta entre ellos aunque ahora el mundo entero esté en sus manos con tan sólo una computadora; deben  saber que lo que en realidad importa está mucho más cerca, está en su tribu, ésa que al pasar de los años te seguirá acompañando a bailar y a sanar tus heridas, y por unas horas, siempre que estén juntos, sentir que bien se siente cuando “arde la calle al sol del poniente”

Canciones que cuentan historias