EL BAILE Y EL SALON

“Yo que era un solitario bailando

Me quedé sin hablar

Mientras tú me fuiste demostrando

Que el amor es bailar”

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Mi mamá nunca me llevó a clases de ballet. Y eso que yo todo el día andaba bailando por la casa, cuando se escuchaba alguna canción, fuera en el radio o en la tele.

Desde chica me aprendía todos los pasos de baile de las comedias musicales, o de los artistas que salían en Siempre en Domingo bailando música disco. Yo creo que mi mamá pensaba que era simplemente un rasgo más de mi personalidad  hiperactiva, y como en aquellos tiempos no te llevaban a terapia por todo, como hoy en dia, jamás se enteró de que unas clases de ballet me hubieran hecho mucho bien.

Por lo tanto yo me las arreglaba solita para copiar los pasitos de tap de Anita la huerfanita, o jurando que podía volar y girar sobre mi espalda como la protagonista de flash dance, era yo algo así como un Billy Elliot en potencia.

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Pero todo aquello quedó opacado un día, que viendo la tele en canal 13, que en aquella época era un canal medio cultural, apareció una pareja bailando en sus leotardos brillantes y descalzos. Me quedé totalmente fascinada, ¿qué era aquello? no era ballet, ¿por qué no tenían zapatillas?, ¿por qué no hay escenografía? ¿por qué si sólo hay una extraña música acompañándolos, yo sentía en ese momento ganas de llorar?.

La pareja transmitía un amor profundo que según yo entendía, podía ser, algo así como Romeo y Julieta.

Al terminar y leer las letritas me enteré que efectivamente era un fragmento de Romeo y Julieta. Y lo interpretaba el ballet Teatro del Espacio. Ese mismo día en la tarde, le dije a mi mamá que yo quería bailar así, no me hizo mucho caso y yo sola me puse a investigar. Mi tía Lupita me dijo que aquello era danza contemporánea, y que en la casa de la cultura había una maestra buenísima, así fué como llegué al salón de clases de Carmen Bojorquez y con ello a un mundo maravilloso que solamente se puede vivir en un lugar en el que tus pies y la duela se hacen cómplices.

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Yo tenía trece años y estaba en primero de secundaria, tal vez debería de haber andado haciendo otras cosas. Pero aquello de la danza me tenía fascinada. Le echaba muchas ganas, pero la verdad no era tan buena como la niñas que ya tenían en su historia clases de ballet o gimnasia, pero de todos modos un buen día me invitaron a tomar clases con los grupos de la UABC.

Jamás olvidaré el primer día que mi mamá me dejó en la parte de atrás del teatro de la uni. Estaban ahí reunidos el grupo más interesante de personas que jamás había visto. En el primer piso estaban el grupo de teatro y de pantomima, y en el segundo, los grupos de vocalización y danza. Personas iban y venían, algunas vocalizando y otras practicando algún paso de danza o el fragmento de la próxima obra de Angel Norzagaray. Ahí transcurrían mis tardes, entre bailarines extraordinarios como Manuel Torres, que además daba las clases de jazz más divertidas. Personajes maravillosos como Ramón Tamayo llegando a su clase de expresión corporal en mono ciclo, Rosa Amelia intensa en su ir y venir de clase en clase, los paralelo 32  y hasta un extraño llamado Arturo, que iba y venía colgado de su cuerda floja y viéndote con unos ojos muy fijos en medio de su melena y su barba muy larga. Ese era mi mundo por las tardes, para mi era como ser Alicia y entrar cada dia en el pais de las maravillas.

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Yo buscaba mi propia identidad, y de repente me perdía en aquél salón, entre las percusiones de la clase de técnica Graham y mi poca facilidad en la barra, en la clase de ballet.

Los cambios llegaron, y con ello una hermosa bailarina que llegaba del DF para ser la nueva maestra. Llegó Patty Aguilar caminando derechita y dejandonos impactados con su perfección, sus brazos largos y sus piernas que parecían volar. Y con ella el aprendizaje firme pero amoroso. El sentimiento a flor de piel y las ganas de no memorizar una coreografía, si no de sentirla, de vivirla, sin protagonistas, con la posibilidad de que dentro de nosotras naciera la danza y así poder bailar de verdad.

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Fueron días de identificarnos, de conocernos, de sentir que podíamos hablar sin decir palabras. Compartí mis tardes con seres hermosos que hasta el día de hoy, hacen de la danza su vida. Artistas enloquecidas por la necesidad de hacer arte, y que la gente sienta que la manera más sublime de expresar, es esa, el arte.

Yo nunca me sentí bailarina más bien una aprendiz eterna.  Nunca me llegué a sentir suficientemente buena, pero daba mi corazón. Se complicaba mi vida por culpa de querer ser bailarina y abogada al mismo tiempo. Así que en aquél salón dejé frustración y tristeza, pero ahí también me sentí libre, realmente feliz, aprendí a llamar a mi cuerpo con su nombre correcto, a sentir la energía que somos cada uno de nosotros, a sensibilizarme, reír, carcajearme, a abrazar con fuerza, a cargar nuestros cuerpos, pero también nuestro sentir, a ver en un moretón o una ampolla una herida de guerra. A no tener pena de lo que soy capaz de hacer, ahí en aquél salón fuí yo misma, ahí en aquél salón aprendí a soñar con los pies como dice Sabina, ahí en aquel salón se mezclaron mis lágrimas y mi sudor, mis aplausos con   música de tambores, ahí en aquel salón aún me  sueño bailando, ahí en aquél salón se formó gran parte de lo que soy, porque yo creo que nos formamos de experiencias y de momentos, pero también de pedazos de vida que compartimos con otras personas.

Por eso, parte de mi lo forman aquellas tardes, pero sobre todo mis compañeras de “la danza”, locas todas a su modo… a mí modo.

Entonces que…Bailamos?

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4 comentarios en “EL BAILE Y EL SALON”

  1. Querida Laura, me haces respirar profundo, jalar aire y sentir que toda esa pasión que impregna mi vida dedicada a la danza, finalmente tiene sentido, es decir, siempre lo ha tenido pero ahora mucho mas profundo, me hace saber que el efecto es encadenado, que se puede llegar a tocar la parte mas profunda de los seres, que como mujeres encontramos algo buscado sin saberlo, algo que nuestro ser necesita y de lo que se nutre.
    Nunca mas honrada que saber que mi trabajo (si así se le puede llamar) despierta esas emociones, ese placer.
    La danza une, diversifica, hace palpable el sentimiento y nos acerca mas a nuestra sustancia mas íntima.
    Hay tantas cosas que quisiera decirte que llego a la conclusión de que a través de lo vivido, todo esta dicho.
    Gracias por ser y estar, mil gracias por tus letras y por supuesto…. bailamos!!!
    P. D. Me gustaría que un día llegaran a saber cada una de mis bailarinas, que mi esencia se conforma de cada una de mis personas amadas, entre ellos, claro esta, mis amadas bailarinas.
    Patricia Aguilar.

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  2. Eres grsnde mi Laura! Llenaste mis ojos de lagri.ad de felicidaf por haber vivifo contigo esa etapa de locura, fonde mas que nunca vivi el sue no de habkar con mid pies! Donfe vonovi qur puedo ser todo lo que son~e y mas! Fuimos juntas Alicia en el pais de las maravillas! Gracias por recordarme hay nas de una
    formas de hablar …y volar!

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