CUENTAME TU VIDA

Cuéntame tu vida

Cuéntamela toda

Dime si estoy vivo

Si todavía respiro”

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Mi abuela era muy buena contando historias, y mis historias favoritas eran las de su vida. Me gustaba mucho que me contara sobre su infancia, como eran sus hermanos, de las aventuras de su mamá que era muy fiestera, de su despiadado padrastro Italiano y de las noches heladas y oscuras en la época de la segunda guerra. Ella lograba que yo con mi imaginación viajara a esa época, y era capaz de hacerme sentir feliz o temerosa según sus relatos. Siempre le dije que algún día yo escribiría sus historias por que me parecían fascinantes, y ella siempre me decía, “ay mi’jita no es nada extraordinario, es sólo mi vida”.

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Así como las historias de mi abuela, hay tantas historias que sería interminable contarlas. Tendríamos historias para cada noche, así como en las mil y una noches, para mantenernos despiertos como Sherezada. Historias que podrían parecer comunes o historias extraordinarias que se merecen un libro o una película para hacerles un merecido homenaje.

Al pensar en mi vida podría creer que es una vida normal con sus toques medio tristes y de repente hasta de comedia. Según yo nunca he hecho nada tan extraordinario que fuera digno de contarse. Pero que tal que un día llega Gonzalez Iñarritu, le cuento mi vida y a él le parece que es tan buena la historia que se merece hacer una película, y ahí vería mi historia en la gran pantalla, en una película bien exitosa aunque nadie le entienda.

¿O si mi vida un dia quedara plasmada en un libro? Podría ser una biografía de esas no autorizadas, o un cuento sobre sólo una anécdota de mi vida. Podría ser un libro muy largo o tan pequeño como el de las batallas del desierto. Si mi vida la hubiera escrito Garcia Marquez, Mexicali fuera Macondo y mi historia no sería sólo mía, sino de generaciones y generaciones de mi familia, o sobre aquella vez que me quedé esperando una carta que nunca llegó. Si mi historia la contara Murakami tendría los ojos rasgados y viviera dentro de hermosos paisajes japoneses o en una ciudad casi futurista. Tal vez alguna de mis historias le podría interesar a Nicholas Sparks para escribir uno de sus cursis libros de amor, o Stephen King, para una historia de ésas que dan miedo.

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Yo podría contar mi historia de muchas maneras, mi infancia la contaría al estilo de Mark Twain. Mi juventud me gustaría darle un toque oscuro y rocanrolero al puro estilo de Xavier Velasco, ¿y por qué no? Tendría un capítulo tan intenso como el capítulo 7 de rayuela.

Yo no se a cuanta gente podría interesarle mi historia, pero me divierte pensar en cómo podría ser contada a través de otras personas. Por lo pronto seguiré viviendola de la mejor manera posible, por si las moscas, por si un día se cuenta mi historia, ser la heroína y no la villana de la historia.

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TRISTE CANCION

“Ella existió, solo en un sueño

él es un poema que el poeta, nunca escribió

en la eternidad los dos

unieron sus almas

para darle vida

a ésta triste, canción de amor”

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No sé si sea el hecho de que Alex Lora utilizó un adjetivo explicativo para su canción “Triste canción” o que las tres partes de las que se compone la canción hablan de amores tristes, fallidos, imposibles o eternos. Pero esa canción en verdad me pone triste, sin importar la voz aguardientosa de Alex Lora o que de seguro al terminar de cantarla el Sr. Lora de seguro gritará un improperio.

Hay muchas cosas que me hacen ponerme triste, aunque rara vez lo exteriorizo con personas que no sean muy cercanas y mucho menos lo hago público, como se acostumbra en estos días de redes sociales. Digamos que utilizo mucho más los imoticons de caritas felices que de caritas tristes. Ésto no es que yo vaya por la vida viviendo como Celia Cruz, en medio de un carnaval o que como dijo el otro día la amiga de una amiga, que cuando estornudo me salga confetti de tan feliz. Simplemente que siento que vivimos en una época en donde por medio de la tecnología podemos contagiarnos los sentimientos así como virus, y que es mejor aventar mensajes positivos y chistosos en lugar de quejadera todo el día; la bronca es que cuando realmente me siento triste siento que no tengo permiso de estarlo, y eso está mal, debería de sentir que tengo el mismo permiso de estar feliz que de estar triste. Vivimos en tiempos en los que nos venden la felicidad como obligación; mensajes positivos, libros de auto ayuda, personas vendiendo técnicas para encontrar la felicidad y si ésto fuera poco, la obligación de hacer feliz a los que te rodean.

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Pero ser feliz todo el tiempo es difícil, no digo que sea imposible, pero reunir todo lo que tú en lo personal sientas que te hace completamente feliz, es un trabajo arduo, además que a cada de uno de nosotros nos hacen feliz cosas distintas.

A mi en lo personal hay muchas cosas que me ponen triste, como: los días nublados, los videos de el programa Siempre en Domingo, los viejitos que te ayudan a empaquetar el mandado en el mercado. Las galletas de higo, la canción de “Pictures of you” de The Cure y la de “Cuento” de Fernando Delgadillo. Cuando en una película matan al perro, la gente mal agradecida, la navidad, no encontrar palabras de consuelo cuando alguien las necesita. Las imágenes de guerra, los colores pálidos, el llanto de mis hijas o de Juan. Los carros de los años 50’s, el bosque, dejar cosas incompletas, la película de Titanic, la carretera rumbo a Yuma, Guadalajara o recordar a mis abuelos. Y así un montón de cosas a las que he aprendido a sentir con tristeza, sin sentir remordimientos por no ser eternamente feliz.

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En el último año no ha pasado ningún día en el que por unos minutos me sienta triste. Mi mamá está enferma y eso me pone triste. He aprendido a que cuando una amiga me pregunta -¿cómo estas?- No responder con el esperado ¡muy bien! Si no a decir bien, pero también he estado triste; he aprendido a vivir una vida equilibrada con alegrías y tristezas, sin enojarme o reclamar, ésta tristeza todavía no la disfruto pero espero algún día sentir que fue una lección, a veces son  largos esos momentos, pero cuando volteo y veo todo lo que me hace feliz y por lo que debo tratar de estar feliz, las cosas son más fáciles.

Tal vez existan pastillas, terapias, libros, una religión o un deporte, pero sí no aprendes a querer tu vida como viene, nada de eso nos servirá, ¿no creen?

Por lo pronto escribo ésto muy feliz y con ganas de decir -¡Ánimo, la vida está bien padre y la quiero vivir, así como venga!

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EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS

Soy del color de tu porvenir,

Me dijo el hombre del traje gris

no eres mi tipo le conteste,

Y aquella tarde aprendí a correr”

Nacidos para perder/ Joaquin Sabina

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Por culpa de una mujer Inglesa de nombre E.L. James, el mundo se puso de cabeza hace unos dos años y de nuevo la semana pasada. Y solamente por el pequeño detalle de que a la señora se le ocurrió escribir tres libros sobre una historia de romance, aventura y nada más y nada menos que aderezarada o más bien, protagonizada por enormes dosis de erotismo.

Libros sobre romances hay muchos y libros eróticos también, pero resulta que ésta inteligente señora le dió al clavo al crear un personaje que resultara totalmente atractivo para el sexo femenino. Un personaje que combinara las características que hiciera que las mujeres al leer sus libros no hicieran otra cosa que suspirar por el susodicho en cuestión; el personaje es el ahora famosisimo Christian Grey. Hombre joven, exitoso, guapo y apasionado, que su único “defecto” son sus gustos para eso de conseguir placer.

Yo leí en ese entonces los 3 libros, siempre me ha gustado leer, pero la verdad ésta trilogía no era así como que del tipo de lectura que me gusta. Pero claro que ¡la curiosidad mató al gato!.

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El primer libro me pareció muy divertido, fácil de leer, sin ningún pretensión literaria mas que entretener, crear morbo y por supuesto vender, he de confesar que para el segundo libro yo ya alucinaba al mentado Grey por posesivo y manipulador, y para el tercer libro, ya me causaba risa lo que debería de ponerme bien prendida. No es que sea un libro mal escrito, simplemente es un libro un tanto mediocre y dista mucho de ser una obra de calidad, como otros libros de la literatura con toques eróticos como lo son Lolita, el Amante, Las Edades de Lulú o Los Trópicos de Cáncer y Capricornio de Henry Miller. Pero les puedo asegurar que ninguno causó el revuelo que el dichoso libro de las sombras de Grey. Lo leíamos y lo comentábamos, fue la plática durante meses, había chistes pícaros y personas que jamás habían leído, esperaban ansiosas la salida del nuevo libro.

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La cosa no quedo ahí, como buen producto de mercadotecnia la historia tenía que llegar a la gran pantalla y terminar de poner de cabeza a el mundo. Por fin después de un año de espera llegaba al cine las famosas 50 sombras de Grey, con un montón de expectativas con respecto a sus protagonistas, y sí las escenas de sexo serían tal cual describía de manera tan explícitas el libro.

Yo confieso que me moría de ganas de verla, así que me organicé con mis amigas Vicky y Gaby, para ir a ver el estreno mundial. La verdad fueron días muy divertidos poniéndonos de acuerdo y haciendo chistes sobre el Sr. Grey. El gran día llegó, y no saben que padre fue ver el cine lleno de mujeres de distintas edades, en grupos de amigas listas para ver el dichoso estreno. La película, que en lugar de ser una más, se convirtió en un mega cafecito de señoras muy pero muy divertido.

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La película en sí es tan churra como el libro, pero divertida; a algunas les gustó mucho, otras salieron decepcionadas. Yo en realidad solo pensé que no vi nada más escandaloso que no hubiera visto en 9 semanas y media, Nymphomaniac o alguna película de ficheras o de esas de cine de autor de los años 70.

El protagonista muy chulo, pero como yo ya chocheo, no me emocionó que un plebe que podría ser mi hijo me diera de latigazos, si en su caso hubiera sido Robert Downey Jr. otro gallo nos cantara; y además al Sr. Grey lo terminó opacando la niña Anastasia, protagonizada por Dakota Johnson, que es miembro de una de esas dinastías de Hollywood y al igual que su abuela la musa de Hitchcock Tippi Hedren y su mamá la Working Girl Melanie Griffith, con un solo papel ya anda en boca de todo mundo.

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Pero el asunto que se desató de ésto de las sombras, es lo que más me llamó la atención. El revuelo por algo que deberíamos de tomar como diversión y que como parte de el libre albedrío, decidir si tengo ganas de ir a ver una película o leer un libro sin ser señalada con adjetivos que denotaban en algunos casos hasta coraje, una especie de estigma por el sólo hecho de divertirse, y lo peor, que la mayoría fuesen mujeres hacia otras mujeres; señalando una falta de “algo” o el exceso de “otro”. Que feo que en estos tiempos nos escandalice algo tan simple, que si bien no es el tipo de película que quiero que mi hija de 13 años vea, me parece que es un producto que no daña a ningún adulto con la suficiente madurez como para ver solo mercadotecnia pura en ella y si preocuparnos por que ésto  es parte de lo que consumen nuestros hijos, junto con historias de vampiros lujuriosos, juegos del hambre en donde se matan unos a otros o historias del héroe rebelde y golpeador de 3 metros sobre el cielo, que enamoró a las adolescente mucho antes que Mr. Grey y que debemos aprender a explicarles y mostrar que el amor no es eso que ven en una película de moda. En lo personal creo que existen peliculas con tono erótico realmente interesantes y verdaderamente fuertes como el Último tango en París, y no ésta mezcla de cenicienta con video de Madonna, me asusta más lo que veo y escucho de repente en youtube, por que es lo que pueden ver y escuchar nuestros hijos, es más me trauma más uno de esos videos o programas de MTV, por lo menos en nuestros tiempos si empezaba una película “fuerte” en la tele, como aquella de las pirañas aman en cuaresma, te mandaban a dormir y punto y no como hoy en dia,  que con un solo click tus hijos puedan ver el material más explícito.

A mi las 50 sombras no me dejó mas que una anécdota muy divertida con mis amigas, y resulta que el dichoso hombre del traje gris con todo y su lana y su belleza ¡no nos dominó!.

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EL AMOR DESPUES DEL AMOR

Nadie puede

y nadie debe vivir

vivir sin amor”

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Hace unos meses estuve participando en un taller sobre equidad de género y violencia contra la mujer.

Uno de los días del taller trabajé con un grupo formado sólo por mujeres y las invité a realizar varias dinámicas, una de ellas consistía en una lectura en la cual se hablaba sobre como solemos relacionarnos las mujeres  con los hombres en las diversas etapas de nuestra vida. Después de la lectura las invité a compartir sus experiencias conmigo y si se habían sentido identificadas con la lectura. Una a una me fueron contando sus historias, algunas tristes y otras divertidas, o aquellas que les habían dejado una enseñanza.

Al final una de ellas me dijo que ella me podía  platicar su relación con su padre, con sus hermanos, con amigos o con compañeros de trabajo, pero que no podía hablarme de una relación de pareja, por que ella nunca se había enamorado. Yo en ese momento reaccioné con nerviosismo, no sabia que responder, ¿Cómo nunca se había enamorado?; ella me respondió que claro que le habían gustado hombres en su vida y que inclusive tuvo sus novios, pero que no podía llamar a esas relaciones como amor, me decía, – se lo juro licenciada yo nunca he sentido eso que describen como amor y no sabe las ganas que tengo de sentirlo, soy una mujer muy alegre y quisiera compartir mi alegría pero con alguien que en verdad me haga sentir amor -.

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En mi vida profesional he escuchado muchas historias impactantes, pero ninguna me impacto tanto como escuchar a alguien decir que no conocía el amor.

Creo que yo, aunque no lo parezca, soy una persona romántica, o de plano soy una romántica de closet. Tal vez no soy fan de los discos de Luis Miguel, esos de los romances, o de tener objetos en forma de corazón. Tampoco me la paso suspirando como la niña gordita de la novela de carrusel; pero escucho trova con sus amores y desamores y mis películas favoritas son las de amor de esas que hasta caen en lo cursi.

El amor lo viví muy de cerca desde niña. Cuando yo nací mis abuelos ya tenían más de 25 años casados y enamorados, así que yo diario veía en ellos a una especie de pájaros del amor, pero sobre todo, siempre vi entrega y dedicación de parte de uno hacia el otro, con decirles que mi abuela rezaba pidiendo morir antes que mi abuelo, por que ella no podría vivir un instante sin él, así era ella, muy intensa.

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Mí experiencia en el amor va desde los tiempos en que me enamoraba de Terry el de Candy o de Benny de timbiriche, y de adolescente enamorada del Karate Kid o del vocalista de los hombres G, ese amor tan padre que tenemos por los imposibles, el amor que idolatra y que te hace recortar revistas o besar un poster en tu pared, al amor real ya sea el primer amor ese que piensas que será el único y que te deja bonitos recuerdos de un primer beso o una tarde tomados de la mano, o aquél otro que te deja medio chiscado, amores fugaces que duraban lo mismo que tus vacaciones o aquél amor alegre que de repente así como llegaba se desaparecía. Ese amor que te hace buscarlo distraída hasta que un día lo encuentras tan cerca de ti que ya no lo dejas ir.

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Yo si soy bien fan del amor, y como José José hasta pido un aplauso para él y para sus historias.

Para los amores apasionados.

Para los amores del tipo de Romeo y Julieta o como el del amor en los tiempos del cólera.

Para el amor imposible pero que se  desata en hermosas canciones o en una cursi telenovela.

En el amor de años o en el amor de instantes, en el amor ciego y en el que te hace avivar tus sentidos.

En el amor que nunca se olvida y el que prefieres no recordar.

El amor que se siente tranquilo y en el que como el mar siempre regresa, el amor de lejos y el de tan cerca que nos fusiona con otra persona.

El amor que te hace reír pero también llorar.

El amor que se queda en silencio y el que se grita a los cuatro vientos.

El amor que se pierde y el que te hace encontrarte.

El amor que te hace tener ganas de ser eterno y el que te hace sentir que mueres.

Al que le temes pero que nunca pierdes la esperanza de vivirlo, ése amor que sólo se puede vivir entre dos sin dejar de ser uno mismo.

Amor que provoca locura y sensatez al mismo tiempo, el amor que puedes sentir mil veces o sólo una vez en la vida, el amor, así simplemente, después del amor.

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PASTILLAS PARA NO SOñAR

Si lo que quieres es vivir cien años

Vacúnate contra el azar”

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Si existieran en la farmacia pastillas para no soñar, creo que no las compraría, soy una persona que sueña mucho. Dormida tengo unos sueños de repente muy reales y largos, a veces hasta con continuación, así como saga de esas del cine.

Pero también sueño mucho despierta, muchos de mis sueños se han hecho realidad y muchos otros se han quedado ahí, en sueños, que además siendo realistas no creo que se cumplan. Por ejemplo, cantar igualito a Eugenia León la canción de “Como yo te amé”, o bailar perfecto la canción de “Quiero vivir en América” de The west side story. Pero me gusta seguir soñando ¿y por qué no?, capaz que un día los sorprendo realizando mi sueño de hablar perfecto francés.

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Mis sueños han ido cambiando y por supuesto no son los mismos de cuando era niña o una dulce quinceañera. La vida ha dado grandes lecciones que me han hecho pensar en sueños que den felicidad duradera y no temporal. Algunas personas que han pasado por mi vida también me han ayudado a cambiar mi forma de soñar, hace unos meses estábamos festejando el cumpleaños de Galia, la hija de mi amigo Micky, estábamos como muchas otras veces en el jardín de la casa de su abuelo.

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Cuando la fiesta estaba en pleno apogeo veo salir de su casa a el abuelito de Micky, el TATA con sus 99 años recibiendo una vez más a la familia y amigos en su jardín, caminó despacito saludando amable y amoroso como siempre, después de comer lo vi que caminó hacia la brincolina en donde jugaban los niños, se paró a observarlos y ahí se quedo un buen rato, sonreía con esa sonrisa tranquila y sincera, y sus ojos brillaban alegres, me quede viéndolo todo ese tiempo y pensaba, que bonito ser como él, que bonita vida, cuanta paz tiene, la paz que sólo una vida llena de amor te puede dar.

La casa del Tata nos recibió muchas veces. Llegábamos como sí fuera nuestra casa llenándola de ruido y chamacos latosos, batería y guitarras, y él siempre tenía un abrazo de bienvenida para nosotros. Yo lo conocí a través de mi amigo Micky el cual le heredó su amor por la música, la tranquilidad y el saber entregar amor y amistad sincera, y el Micky nos ha regalado a nosotros la oportunidad de conocer a su abuelo, de sentir a su familia como nuestra.

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El Sábado pasado el Tata se fué, nos dejó un vacío a todos. A mí me dejó un nuevo sueño, quiero tener una vida como la de él, larga y llena de amor, quiero ver crecer a mis hijas, conocer a mis nietos y bisnietos, tener una mirada serena y un caminar tranquilo, quiero dar abrazos que reconfortan y hacer de mi hogar el hogar de muchos. Quiero tener la palabra exacta para cada momento. Música en mi corazón y que la riqueza sean mis historias que compartiré con los que vayan llegando. Tener salud para vivir muchos años, y un día como el Tata tomarme el tiempo de observar tranquilamente jugar a los niños. Así lo voy a recordar cada vez que escuche al Micky cantar, o a Galia jugar con Marimar, en la sonrisa del Mike,  en el abrazo chino de Marcia, en una canción de Cold Play del Güero, cuando reconozca la guitarra del Bibi en el radio o sonriendo en una foto con Sara y Andrea,  leyendo el día a día de Diana o en una de mis pláticas con la Georgie. Ahí siempre estará el Tata y mi sueño de vivir 100 años así como los  vivió él.

HOMBRE AL AGUA

“Meses navegando

tierra a la vista

todo volverá a ser como fué

Las luces de la costa

son faros del pasado

Todo volverá a ser como fué”

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Era la semana de graduación de la primaria y la sensación de emoción y nostalgia se mezclaban. Le decíamos adiós a nuestra querida escuela Leona Vicario. Entre los festejos, cada salón tuvo su fiesta por separado, y el grupo “C” tuvo una fiesta con alberca, y como es típico de esas fiestas los niños jugaban a echarse clavados, empujarse unos a otros y jugar a los ahogados, hasta que el juego dejó de serlo y en verdad uno de ellos se estaba ahogando. De pronto se dieron cuenta que su compañero estaba en el fondo de la alberca y no salía, y la reacción que para unos fué de pánico, para otro de ellos fué de valentía y se tiró a la alberca salvando a su compañero. El chisme corrió rápidamente por la escuela, el acto heroico de nuestro compañero no dejaba de comentarse y él fue premiado con una medalla al heroísmo en nuestra graduación.

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Unos años mas tarde, en mis vacaciones de verano, mi mamá decidió que era el momento de llevar mis clases de natación  al extremo y me inscribió en las clases de salvavidas que se impartían en la alberca pública de Calexico. Allá iba yo todos los días con la única motivación de que me compraran un “happy meal” a la salida. En verdad yo quería ir a la alberca, pero a divertirme, y no a mortificarme en aprender como reaccionar cuando alguien se está ahogando, me decía a mi misma, ¿en serio? ¿A poco serías capaz de tirarte al mar a salvar a alguien?, o mi reacción sería la del dueño del Titanic, que salió huyendo muy espichadito sin ayudar a nadie, o como Rose que no hizo nada por hacerle un campito a Jack en la tabla para salvarse los dos.

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Al final del verano ya estaba yo lista para salvar vidas en albercas, en ríos y en mar. Obtuve mi certificado, pero les juro que mi imagen de susto quedaba muy lejos de la imagen de cualquier escena de “bay watch”, y no sólo por no contar con el cuerpo de Pamela Anderson, si no por el pánico que me provocaba tener la responsabilidad de salvarle la vida a alguien.

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Mi entrenamiento de aquél verano sirvió para que yo adquiriera cierta seguridad al momento de enfrentarme al agua, así que algunos veranos más tarde, estando de vacaciones en Vallarta, mi amiga Emma y yo aceptamos la invitación de su primo para ir a dar la vuelta en un barquito rumbo a una playa de Nayarit; que ahora se ha puesto muy de moda y que en ese entonces era de difícil acceso. Llegabas en el mentado barquito el cual no se acercaba a la orilla por que no existía marina a donde llegar, así que tenias que llegar nadando, o en una lanchita de esas tipo panga. Así que muy seguras de nosotras mismas, dijimos que nosotras iríamos nadando para no esperar la lanchita, así que nos aventamos al mar sin salvavidas, muy fregonas y allá vamos, nadando contra corriente; llegó un momento en el que nos volteamos a ver preocupas por que veíamos cada vez mas lejos la orilla, nadábamos y nadábamos y la orilla parecía que se alejaba, así que empezamos a gritarle a mi amigo Juan que nos venía acompañando de Guadalajara, y que a Dios gracias, el sí tenía el valor de poner en práctica sus conocimientos de la clase de natación, y nos ayudó a llegar a la orilla a las dos. Ahí llegamos exhaustas, y no queriendo volver a arriesgarnos para regresar al barco así que de regreso esperamos la lanchita, que de manera inteligente otras personas habian usado.

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Así como estos momentos, así podemos ver la vida. Cuántas veces necesitamos que alguien llegue de repente y nos salve de algo que nos está hundiendo, o cuántas veces podemos ser el héroe para aquellos a los que ayudamos a llegar a la orilla.

Muchas veces podemos sentir que nos ahogamos en un mar de broncas, y que por más que yo esté preparado, no logro salvarme.

De repente nadamos contra corriente en un mar de gente que no piensa como nosotros, o nos enfrentamos a olas gigantes de miedo e incertidumbre.

Aquí el chiste es sentirte capaz de flotar en medio de esas corrientes, con ayuda de los que te quieren o ayudando a que el fuerte caudal del rio se vuelva tranquilo y fácil de navegar.

Nunca he salvado a nadie de ahogarse en el agua, pero espero salvar a quien lo necesite sí se ahoga en su tristeza o soledad. Tengan por seguro que he aprendido a acompañarlos hasta la orilla.

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COMO HEMOS CAMBIADO

“¡Ah! Cómo hemos cambiado

qué lejos ha quedado

aquella amistad.”

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Hace unos días estaba viendo un capítulo de sex and the city. En una de esas escenas típicas de las 4 amigas desayunando en un restaurante y  platicando sobre sus problemas amorosos. Me quedé observando y sintiendo que algo le faltaba a la escena, después de un rato me dí cuenta que a la escena obviamente no le faltaba nada, si no, que sí trasladamos esa escena a éstos días, a la vida real, esa escena estaría acompañada de 4 teléfonos inteligentes; que acompañarían a las 4 amigas y que en algunos momentos interrumpirían su plática tan padre para checar sus mensajes, hacer check in en facebook y por supuesto tomar la selfie de rigor. Digamos que esa escena es una escena del pasado, ausente de toda esas nuevas costumbres que los tiempos modernos han contagiado, inclusive a mi generación.

Fue casi, casi, como ver una película de época, pero resulta que esa época si la viví, y además la siento que apenas acaba de pasar, hace apenas unos añitos. Inclusive, cuando la protagonista Carrie Bradshaw, saca su cigarrito para fumar mientras platica, se ve tan pasado de moda, por que resulta que hoy en día tener ciertos  malos hábitos es casi, casi, un pecado para nuestra sociedad, obsesionada con lo “saludable” y fumar ya no resulta tan atractivo y quedamos lejos de vernos tan “cool” como James Dean.

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Son otros tiempos diría mi abuela, tiempos mas acelerados, en donde la información real se mezcla con la virtual. En dónde estar sano es la moda, pero también está de moda el ser popular, a cuesta de lo que sea, como ventilar nuestras vidas privadas, o de defender alguna causa social por moda.

Son tiempos en donde mi generación, una vez más, se esfuerza por encajar en un mundo de jóvenes, algunas veces a costa de caer en un escenario un poco ridículo, invadiendo los espacios de la muchachada.

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Creo que vi con nostalgia ese capítulo de sex and the city. Creo que que sí hemos cambiado mucho. Pero me di cuenta que hay cosas que se quedan intactas, como los momentos en los que me reúno con mis amigas a platicar; de los uniformes de cuadritos a las épocas de universitarias, de las noches en algún bar en la playa a las tardes planeando una boda, de los consejos para cambiar un pañal a las quejas por tener tanta chamba, de los chistes, anécdotas y recuerdos a nuestros miedos y tristezas.

Siempre iguales, siempre amigas. Podrán venir modas o chats de wathsapp, con nuestras pérdidas y bienvenidas, siempre nos quedarán nuestros días de café, y al contrario de aquella canción de presuntos implicados, nuestra amistad no ha quedado lejos, si no mas cerca que nunca.

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Canciones que cuentan historias